La batalla entre humano y robot en el deporte está servida


La batalla entre humano y robot en el deporte está servida


La batalla entre humano y robot en el deporte está servida




Días atrás Lethal Shooter, especialista en tiros a canasta, se enfrentó al robot humanoide Cue6, construido por la firma japonesa Toyota. La cita fue en Tokio. Hasta aquí, no deja de ser más que una expresión de la más o menos solapada disputa entre personas e inteligencia artificial que ha quedado instalada en nuestras sociedades, especialmente desde la aparición y generalización de ChatGPT. Lo de menos es conocer quien ganó, aunque más abajo lo desvelaremos. Lo que nos interesa en este artículo, es enfocar este acontecimiento como un hecho significativo de nuestro tiempo en el que el deporte es un claro exponente de nuestra evolución como sociedad.

Espectáculo

Lo primero que llama la atención es el espectáculo. El ser humano tiene en el reto de la superación una de las características más señeras de su esencia. Es algo que funciona como motor del deporte. Si se corre a 10 segundos los 100 metros, el objetivo es bajar de los dos dígitos. Ese afán de superación, como estímulo, va indisolublemente unido al entretenimiento. El público que acude al estadio vuelca sus expectativas vitales en la victoria de su equipo. Esta es una componente constante en el tiempo que tiene como exponente cruel, pero significativo, las peleas de los gladiadores contra bestias salvajes o esclavos durante el Imperio Romano.

Retos continuos

Sin poner retos por delante, el deporte no tendría demasiado sentido ni atractivo, ni para el deportista ni para el público. En los tiempos modernos de la era digital en la que estamos involucrados, existe una pugna constante de la que ya se suceden episodios. Uno de ellos es el vivido entre Lethal Shooter y Cue6. Efectivamente, el deporte tiene en su horizonte más o menos cercano la obligación insoslayable de asumir el enfrentamiento humano-máquina en una extensión que sólo dependerá de la evolución y perfeccionamiento de la tecnología. Existen en ese sentido previsiones que aseguran que en el 2050 habrá robots que jueguen contra humanos en un Mundial de fútbol. No queda tanto.

La mitología

En la evolución de los acontecimientos relativos a la introducción de la tecnología en nuestras vidas, se dan cuatro fases que en alguna medida se solapan, al menos en el momento presente. Las veremos más abajo. Esa distribución por etapas se asienta en mayor o menor medida en una visión mitológica. La descubrimos con claridad tras la explosión vivida con la inteligencia artificial que ha puesto al humano delante del espejo de su futuro. ¿Qué será de mi si llega un momento en el que un robot me tiene a su servicio?, se pregunta. Tras esa incógnita se esconde toda una mitología del hombre y la mujer erigidos en el papel de dioses capaces de dar vida a unos artefactos que luego se revelan contra sus creadores.

Las fases

El deporte es un buen escaparate de esa pugna ser humano máquina en la que se pueden visibilizar las cuatro fases señaladas, y que ahora explicamos:

  • Primera, (la tecnología al servicio de las personas): el humano siempre ha sido capaz de procurarse los utensilios que le han ayudado a mejorar su vida. Lo que nos aporta hoy en día la tecnología digital se sitúa en el mismo plano esencial de ayuda que en su momento supuso la rueda. En el ámbito del deporte, y en este momento presente, es la tecnología, por ejemplo, la que permite subir un peldaño al rendimiento de los deportistas en su empeño de permanente superación. Esta es la fase en la que la tecnología está claramente al servicio de las personas.
  • Segunda, (la igualdad humano-robot): resulta patente que existen capacidades que la tecnología emula del ser humano. Es lo que básicamente persigue la inteligencia artificial, un avance de la ciencia que empezó a dar sus primeros pasos en los años 50 del siglo pasado. En esa carrera por el perfeccionamiento tecnológico, se establece una sensación momentánea de control de la situación por parte del ser humano. La máquina hace cosas, pero el ser humano (asumimos todos) hace las suyas también a la par que sigue siendo el dueño y señor del mundo. Es la fase de la igualdad, o de una igualdad creciente para el robot que actúa como aspirante. Aquí es donde se enclava el enfrentamiento entre Lethal Shooter y Cue6, que por cierto quedó en empate puesto que ambos, jugador y robot fallaron uno de sus disparos.
  • Tercera, (la amenaza se abre paso): no cabe duda que en el avance tecnológico no todo es perfecto, existen riesgos. Por eso, y para algunos, la búsqueda perenne del estímulo del reto para conseguir mejoras que faciliten nuestras vidas, conlleva el riesgo de colocarnos en la brecha de la supuesta caída humana a los abismos de la esclavitud. Ese planteamiento surge cuando se constata de manera incuestionable que el robot hace muchas cosas mucho mejor que el humano. Y es, efectivamente, el momento en el que la sensación de miedo real se expande por doquier. En el deporte está tercera fase se visualizó con fanfarria en 1997 cuando el superordenador de IBM Deep Blue venció al entonces campeón mundial de ajedrez, Garry Kasparov.
  • Cuarta, (los humanos caen dominados): la proyección de futuro puede ser negativa o positiva, depende de quien la haga. En lo que a la inteligencia artificial se refiere, se ve claro que la sociedad actual se inclina por la catástrofe. Pero esa supuesta realidad que está por venir, pertenece a una fase que no se ha inaugurado tan siquiera, aunque hay quien ya sabe que los creadores seremos sometidos por nuestras criaturas artificiales. Ahí, y siguiendo este planteamiento fatalista, sería cuando se inauguraría la etapa del dios frustrado, el ser humano, que comete la torpeza de hacer tan bien las cosas sin importarle incluso jugarse su dominio en la tierra para perderlo. De este estadio no sabemos qué ejemplo deportivo poner, obvio, pero siguiendo el planteamiento catastrófico sería como en el Imperio Romano, siendo los humanos las bestias o la gran masa esclava que serviría de carnaza a los crueles robots.
¿Resolución?

Apuntamos más arriba, que hay una manera doble de mirar: o positiva o negativa, por ser esquemáticos. Siguiendo esa doble opción, digamos que en DT-Deporte Tecnológico optamos por esperar un futuro menos temible que la visión que parece más extendida (y no decimos que sea ilógica o improcedente) como consecuencia de la mayor presencia de la inteligencia artificial. A día de hoy y, al menos para el que escribe este artículo, no existe una resolución posible de los acontecimientos venideros, básicamente porque no se han producido.

Por ello, sería más lógico enfocarnos en que no se cuenta con la capacidad suficiente como para atisbar un futuro de la manera más realista posible. Sea como sea, sí es normal que nos planteemos la disyuntiva extrema de: ¿seremos los dominados de la película? O más al contrario, ¿viviremos más felices porque antes que trabajar, que lo harán los robots, lo de los seres humanos será vivir felices y además por muchos años (más de un siglo como norma)? Vaya usted a saber, que diría el castizo.

A modo de conclusión

Nunca será o blanco o negro, tenemos suficiente presencia del ser humano a través de la historia como para saber eso. Por lo tanto, nos inclinamos más, y lo decimos con la boca pequeña, porque estaremos en un tiempo en el que seguirán dándose retos que, probablemente, el humano coaligado con el robot intentará superar. Es lógico pensar que la tierra como planeta se quedará corta con el universo infinito en el que estamos. (¿Demasiado?, no lo parece).

En esa mega proyección final que nos ha salido sin pretenderlo en un inicio, y en lo que al deporte se refiere, es de suponer que la máquina vencerá al ser humano en todo si es que nos empeñamos en competir contra las máquinas en vez de entre nosotros. ¿Es algo que nos deba hundir, ahora? Francamente creemos que no. Queda mucho por hacer y por venir, razón por la que el mejor ejercicio mental al menos ahora, es aprender a vivir anclados en el momento presente. Es una buena manera de zafarnos del monstruo del estrés, que ese sí que atiza duro.

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