La dureza de los esports

Existe el malentendido de que los esports, o deportes electrónicos, son cosa de frikis que no tienen otra cosa mejor que hacer que ponerse delante de unos monitores y jugar a videojuegos. No es exactamente así. Por eso, lo que pretendemos con este artículo, es revelar algunos detalles que hablan claramente del extraordinario empuje que tiene esta práctica y que, para los que la practican al nivel profesional, supone un esfuerzo y preparación considerable digno de cualquier deporte de alta competición.

Los jugadores de esports se pasan de media a la semana del orden de 50 a 60 horas conectados entre competición y entrenamientos. Por ello tienen que prepararse física y psicológicamente, puesto que el degaste es enorme. Suelen ser chicos fundamentalmente, aunque también hay chicas pero en menor número. Según este reportaje de Palco 23, el público seguidor de las competiciones es adulto, y sobresale que más del 50% son personas con 55 años.

Esports, negocio creciente

Cualquier deporte que se precie y aspire a convertirse en deporte de masas, ha de contar con dinero, y de eso parece que no hay problema en el caso de los deportes electrónicos. Si nos paramos a pensar que las competiciones llevan escasos años entre nosotros, es realmente impresionante su crecimiento. Según el citado reportaje, el esports movió en España en 2020 (un año complicado por la pandemia que provocó la anulación de muchas competiciones) del orden de 27 millones de euros.

Pero estamos en la era digital que se caracteriza por crecimientos fulgurantes. El mercado en España lo componen más de 2,5 millones de personas dispuestas a atender el espectáculo y consumir. Y es que es esa otra característica de los esports: una mezcla muy potente de competición deportiva y puro espectáculo. Los más involucrados en esta realidad indican que la actividad no ha terminado de dimensionarse hasta el alto nivel para el que está llamada.

Forofos en un torneo de la League of Legends /Foto de LOL

Máxima exigencia

Comentábamos más arriba el tiempo que los jugadores le dedican al juego. Como consecuencia de ello, se producen lesiones (una de las más frecuentes suele ser de las manos por el incesante uso de los mandos). ¿Y entonces qué? Los jugadores sufren esas consecuencias físicas como, también, el hartazgo, lo que en algunos casos los llevan a abandonar. A veces, la máxima exigencia de las competiciones, provoca el que todo se complique cuando no hay victorias.

En esos casos, suele darse que los jugadores pasen a convertirse en creadores de contenidos. Aprovechan su notoriedad para pasar a convertirse en streamers o youtubers. La transición puede que sea positiva, o no puesto que las emisiones en canales como Twitch o You Tube también demandan incrementos del tráfico de seguidores para que realmente sea algo rentable.

Los esports no son cualquier cosa. Requieren como hemos visto, mucho esfuerzo en todos los sentidos dado que existen muchos intereses en juego, y nunca mejor dicho. Si nos paramos a pensar, el hecho, novedoso para algunos, de que se trate de una actividad deportiva muy exigente, no es nada nuevo en comparación con cualquier otra disciplina. La persona que se consagra al deporte y la competición, prácticamente a cualquier nivel, sabe de la dureza que eso conlleva. Pero, obviamente, comporta también muchas satisfacciones que, al fin y al cabo, es lo que sobresale.

Benito Castro

Periodista, MBA, runner y apasionado de la transformación digital.

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