La extraordinaria obra del balón inteligente del Mundial de Fútbol de Qatar

El Al Rihla, obra de Adidas con sensores de Kinexon

El Mundial de Fútbol de Qatar sorprenderá, desde el punto de vista de la tecnología, por la introducción del sistema semiautomático de detección del fuera de juego. Uno de los apartados claves del mismo es el balón, fabricado por Adidas y bautizado con el nombre Al Rihla. Su extraordinaria aportación consiste en un sensor que se coloca en el centro justo de la esfera, un trabajo realizado por la empresa Kinexon . Tal añadido se denomina unidad de medición inercial (IMU, por sus siglas en inglés). Su función principal es detectar con gran precisión cuando, en qué momento, se golpeó la pelota que podría haber concluido en jugada de fuera de juego.

La ubicación del posible fuera de juego es un asunto de enorme envergadura por la polémica que ello implica habitualmente. En el caso concreto que aquí analizamos, es básico precisar que el balón enviará paquetes de datos 500 veces por segundo a la sala del VAR, lo que permite detectar con absoluta precisión el momento exacto en el que se golpea el balón. Gracias entre otras cosas, a su acelerómetro de 1.000 hercios.

Otros apuntes de interés

La extraordinaria obra del Al Rihla no es solamente por su tecnología de análisis de datos. El balón en sí mismo tiene su importancia. El trabajo de los ingenieros consistió en introducir el chip sin que eso supusiera ninguna alteración en las prestaciones del balón ni en el peso ni la aerodinámica, destacaron expertos en SportTechie. Los ingenieros tuvieron que realizar miles de prototipos hasta llegar al último, que logró la aprobación de FIFA y pasó el filtro de futbolistas, aunque la prueba de fuego será en el propio Mundial.

Los sensores desarrollados por Kinexon se cargan por inducción, lo que, en una explicación genérica significa: «… que pueden detectar objetos metálicos que se acercan al sensor, sin tener contacto físico con los mismos».

Sincronización de datos

El balón del Mundial es parte de una orquestación tecnológica cuya infraestructura principal la componen «doce cámaras Hawk-Eye instaladas bajo la cubierta del estadio que captan los movimientos del balón y hasta 29 puntos de datos de cada jugador, 50 veces por segundo, para calcular sus posiciones exactas sobre el terreno de juego», explica la FIFA en su web. Este sistema implica la realización de una combinación de factores de gran excelencia entre las cámaras y el hardware.

La clave se encuentra en la sincronización de datos, algo en lo que se ha trabajado muy concienzudamente en algunos estadios como el Sánchez Pizjuán, del Sevilla FC. Lo más importante es tener la garantía de que los datos que emiten el balón y los jugadores sean completos, precisos y estén, efectivamente, sincronizados con las cámaras. De ello depende el éxito del invento.

La FIFA pretende que, con el sistema semiautomático del fuera de juego, se gane en precisión y velocidad. Eso dependerá en buena parte de la relación entre cámara y pelota especialmente. Si hay algún fallo en la función de recopilación de datos del esférico, serían los algoritmos de inteligencia artificial los que realizarían una proyección de una posible situación de fuera de juego sin datos tan exactos. Eso provocaría retardo y latencia a la hora de captar las juagadas con fuera de juego, puesto que se haría necesario una mayor potencia de computación.

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